Navegando en un mar sereno,
las leves olas mecen mi navío.
La luna llena se afana en iluminar la noche,
derramando su reflejo sobre el mar,
va marcando un camino de plata
que mi goleta no consigue alcanzar.
Embelesado, escucho el vago rumor
de la estela que va dejando mi barco.
La fresca brisa insufla mis pulmones,
me invade una grata sensación de paz,
miro la luna y te veo,
me inunda tu recuedo.
!Aaa...y¡