La fuente de agua fresca
se afana en quebrar el silencio
de una noche de otoño.
Las antorchas encienden el ambiente,
y su indeciso fuego ilumina nervioso
un jardín nuevo, mágico.
Tus versos comienzan a danzar con el agua.
Tu voz, sosegada y dulce,
les va dando alas
y los disuelve en el aire,
hasta que lo impregnan todo.
Ya no necesito a la luna para verte.
Estás ahí, elegante, delicada, sensual: BELLA.
Tu poesía cataliza el arte:
hace aflorar los acordes del músico,
inspira los versos del poeta,
y proyecta los óleos del pintor.
En una tibia noche de otoño,
entre etéreas notas musicales,
acariciado por tus palabras,
ensimismado en las pinturas,
me siento empapado:
¡La felicidad me rezuma!